Aquí está mi respuesta.
El cisne negro o “el avance de la ortodoxia judía”
por Alejandro Soifer (Profesor y Licenciado en Letras (UBA), autor de Los Lubavitch en la Argentina (Sudamericana, Buenos Aires, Noviembre de 2010))
En el último número de Nueva Sion (número 957, marzo de 2011), una nota firmada por el Lic. Naúm Kliksberg (“La dictadura y el avance de los ortodoxos en Argentina”) incurrió en algunas cuestiones que considero inadecuadas, por las cuáles me sentí especialmente tocado y a las que deseo responder en esta nota.
Para comenzar, el autor toma datos y citas textuales de mi libro Los Lubavitch en la Argentina y las plasma sin referencia alguna en su artículo, lo que constituye o una grave falta a la ética periodística o un simple plagio.
Más allá de esta cuestión, la utilización que de mi trabajo realizó Kliksberg también me resulta tendenciosa y poco seria.
El autor comienza su ensayo proponiendo: “En 1976 se instaló la dictadura militar en Argentina y el mismo año comenzó el movimiento Jabad Lubavitch a tener en el país un muy rápido crecimiento.” Esto suena conveniente para el resto de su argumentación pero es básicamente falso. Jabad Lubavitch llegó a nuestro país en 1955 y su auge comenzó a ser observable hacia fines de 1989 cuando terminaron las obras de su actual Beit Jabad central en la calle Agüero 1164. En la época de la última dictadura militar, Jabad Lubavitch no poseía ni la infraestructura ni el poder político-económico que construiría en las siguientes décadas y por la cual se la conoce hoy en día.
A principios de febrero de este año me hicieron una entrevista en el programa El tren de Radio Cooperativa a raíz de mi trabajo de investigación. En esa ocasión un oyente llamó al programa y preguntó: “¿En qué se parecen los Lubavitch y Martin Buber?” la respuesta es simple y directa: “En nada más allá de que ambos son expresiones del judaísmo”.
Comprender que se puede ser y ejercer el judaísmo de diversos modos creo que es lo que nos dará una victoria a todos los judíos. Por el contrario, hacer como hace Kliksberg, una comparación entre la actitud que tuvieron los movimientos reformistas y conservadores en la Argentina de los años de plomo con la que tuvieron los rabinos y autoridades de Jabad, sólo para demostrar la supremacía moral de una forma de ejercer el judaísmo, desatendiendo a la situación histórica y basándose en la premisa falsa de suponer que Jabad de 1976 era algo parecido al de 2011, y todo esto sólo para desacreditar una forma de expresión del judaísmo, es una excelente forma de seguir acrecentando un diálogo de sordos donde lo que se intenta es gritar más fuerte que un hermano, golpearlo más bajo o denigrarlo con los peores argumentos.
Por otra parte, argumenta Kliksberg que el genocidio de la última dictadura, especialmente encarnizado con nuestra comunidad, habría “limpiado” a las mentes judías más brillantes, ¿dejando qué? ¿un ato de judíos ignorantes y autómatas? que habrían ido como mansas ovejas tras los rabinos-pastores de Lubavitch.
No sólo es ofensivo para quienes encontraron en Jabad la expresión del judaísmo que más se ajusta a ellos, sino que además desconoce la responsabilidad de otras expresiones del judaísmo local en este proceso.
La nota de Kliksberg se propone comparar y señalar buenos y malos en un juego maniqueísta que no aporta nada a una discusión necesaria y productiva acerca de qué entendemos por judío, qué es ser judío y cómo ejercemos nuestro judaísmo los judíos en la Argentina. Para ello se vale de costumbres, creencias y costumbres que enfoca desde la óptica etnocéntrica del Inquisidor que veía espantado a los herejes judíos que no comían cerdo y no adoraban a un hombre crucificado entre otras cosas. En conclusión, no aporta hacia el diálogo entre las diferentes expresiones de nuestra comunidad y del judaísmo en general, alimentando una rica tradición fundamental de nuestro pueblo, sino que por el contrario, ataca con rabia, asumiendo la misma posición que critica de los que considera sus enemigos: la falta de posibilidad de diálogo.
No me interesa a mí erigirme como defensor de Jabad Lubavitch. Escribo esta respuesta porque me molesta que se tergiverse mi trabajo en pos de llevarlo a una serie de argumentos basados en falacias para producir un argumento de baja estatura teórica, intelectual y crítica. Mi libro ha sido concebido desde el difícil lugar de intentar posicionarse en un punto intermedio, ni a favor ni en contra de nadie, como una investigación seria y desprejuiciada que permita reflexionar hacia el interior de nuestra comunidad sin mitos y leyendas negras, con la fuerza de la verdad que surge de la realidad.
por Alejandro Soifer (Profesor y Licenciado en Letras (UBA), autor de Los Lubavitch en la Argentina (Sudamericana, Buenos Aires, Noviembre de 2010))
En el último número de Nueva Sion (número 957, marzo de 2011), una nota firmada por el Lic. Naúm Kliksberg (“La dictadura y el avance de los ortodoxos en Argentina”) incurrió en algunas cuestiones que considero inadecuadas, por las cuáles me sentí especialmente tocado y a las que deseo responder en esta nota.
Para comenzar, el autor toma datos y citas textuales de mi libro Los Lubavitch en la Argentina y las plasma sin referencia alguna en su artículo, lo que constituye o una grave falta a la ética periodística o un simple plagio.
Más allá de esta cuestión, la utilización que de mi trabajo realizó Kliksberg también me resulta tendenciosa y poco seria.
El autor comienza su ensayo proponiendo: “En 1976 se instaló la dictadura militar en Argentina y el mismo año comenzó el movimiento Jabad Lubavitch a tener en el país un muy rápido crecimiento.” Esto suena conveniente para el resto de su argumentación pero es básicamente falso. Jabad Lubavitch llegó a nuestro país en 1955 y su auge comenzó a ser observable hacia fines de 1989 cuando terminaron las obras de su actual Beit Jabad central en la calle Agüero 1164. En la época de la última dictadura militar, Jabad Lubavitch no poseía ni la infraestructura ni el poder político-económico que construiría en las siguientes décadas y por la cual se la conoce hoy en día.
A principios de febrero de este año me hicieron una entrevista en el programa El tren de Radio Cooperativa a raíz de mi trabajo de investigación. En esa ocasión un oyente llamó al programa y preguntó: “¿En qué se parecen los Lubavitch y Martin Buber?” la respuesta es simple y directa: “En nada más allá de que ambos son expresiones del judaísmo”.
Comprender que se puede ser y ejercer el judaísmo de diversos modos creo que es lo que nos dará una victoria a todos los judíos. Por el contrario, hacer como hace Kliksberg, una comparación entre la actitud que tuvieron los movimientos reformistas y conservadores en la Argentina de los años de plomo con la que tuvieron los rabinos y autoridades de Jabad, sólo para demostrar la supremacía moral de una forma de ejercer el judaísmo, desatendiendo a la situación histórica y basándose en la premisa falsa de suponer que Jabad de 1976 era algo parecido al de 2011, y todo esto sólo para desacreditar una forma de expresión del judaísmo, es una excelente forma de seguir acrecentando un diálogo de sordos donde lo que se intenta es gritar más fuerte que un hermano, golpearlo más bajo o denigrarlo con los peores argumentos.
Por otra parte, argumenta Kliksberg que el genocidio de la última dictadura, especialmente encarnizado con nuestra comunidad, habría “limpiado” a las mentes judías más brillantes, ¿dejando qué? ¿un ato de judíos ignorantes y autómatas? que habrían ido como mansas ovejas tras los rabinos-pastores de Lubavitch.
No sólo es ofensivo para quienes encontraron en Jabad la expresión del judaísmo que más se ajusta a ellos, sino que además desconoce la responsabilidad de otras expresiones del judaísmo local en este proceso.
La nota de Kliksberg se propone comparar y señalar buenos y malos en un juego maniqueísta que no aporta nada a una discusión necesaria y productiva acerca de qué entendemos por judío, qué es ser judío y cómo ejercemos nuestro judaísmo los judíos en la Argentina. Para ello se vale de costumbres, creencias y costumbres que enfoca desde la óptica etnocéntrica del Inquisidor que veía espantado a los herejes judíos que no comían cerdo y no adoraban a un hombre crucificado entre otras cosas. En conclusión, no aporta hacia el diálogo entre las diferentes expresiones de nuestra comunidad y del judaísmo en general, alimentando una rica tradición fundamental de nuestro pueblo, sino que por el contrario, ataca con rabia, asumiendo la misma posición que critica de los que considera sus enemigos: la falta de posibilidad de diálogo.
No me interesa a mí erigirme como defensor de Jabad Lubavitch. Escribo esta respuesta porque me molesta que se tergiverse mi trabajo en pos de llevarlo a una serie de argumentos basados en falacias para producir un argumento de baja estatura teórica, intelectual y crítica. Mi libro ha sido concebido desde el difícil lugar de intentar posicionarse en un punto intermedio, ni a favor ni en contra de nadie, como una investigación seria y desprejuiciada que permita reflexionar hacia el interior de nuestra comunidad sin mitos y leyendas negras, con la fuerza de la verdad que surge de la realidad.


1 comentarios:
¿Cuando vas a cambiar la direccion por www.jew.com.ar?
Porque de nihilista creo que ya no te queda nada...
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